Miedo normal y miedo patológico

miedo

Hay muchos tipos de miedo. Algunos son normales, proporcionados, pero otros no lo son. Los miedos patológicos se activan aunque no haya peligro y pueden prolongarse indefinidamente.

El miedo es una reacción física y psicológica ante la conciencia de un peligro. Es una respuesta natural en cualquier ser vivo: se percibe una amenaza y se busca protección.

El miedo normal es proporcionado a la situación y desaparece cuando desaparece el peligro.

Pero hay miedos que no son “normales”, es decir, naturales, espontáneos, propios de cualquier ser vivo. Hay miedos que no aparecen ante situaciones reales de peligro sino ante posibilidades o recuerdos de un peligro. Los llamamos miedos patológicos porque también suelen ser desproporcionados, es decir, no responden a la intensidad real del peligro sino a otros factores que están dentro de la persona que sufre ese miedo. A esa persona le resulta muy difícil regular sus respuestas, calmarse o controlar sus reacciones. Ocurre más bien lo contrario, el miedo patológico se prolonga en el tiempo porque se reanima con cierta facilidad.

En ocasiones puede llegar a producir un sufrimiento extremo. Extremo y prolongado. Un sufrimiento que mina la vida, que la limita tanto que impide hacer lo que para los demás son actos sencillos y cotidianos.

El miedo es una emoción que no viene sola. Aparece acompañada de otras como la angustia y la ansiedad. Ambas son distintas formas de sentir la proximidad del miedo, la seguridad de que va a ocurrir algo terrible, algo que amenaza e invade, algo de lo que no se puede escapar.

Los miedos patológicos se producen por varias causas. Entre ellas se encuentran los acontecimientos de la vida y los modelos del entorno. Los niños que han sufrido maltrato tienen un miedo distintos del resto de las personas. Por una parte, han absorbido los miedos de sus maltratadores y de otras personas de su entorno que pudieran también sufrir maltrato. Por otra, han sido criados con la manipulación del miedo, es decir, les han inculcado miedo un día y otro para conseguir controlarlos, reducirlos, moldearlos en función de las necesidades y deseos del maltratador.

Todas las personas que fueron maltratadas en su infancia se enfrentan en algún momento a miedos que no comprenden y que quizá les dominen. No aparecen ante situaciones del todo reales porque son miedos que están dentro de ellos. Provienen de recuerdos y se activan en determinadas circunstancias sin que ellos puedan controlarlos del todo.

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